Varsovia era al comenzar la guerra, tras Nueva York, la ciudad del mundo con mayor población judía. Cerca de medio millón, más de uno de cada tres habitantes de la capital era judío. La tolerancia religiosa de los siglos anteriores, aún salpicada de numerosos acontecimientos sangrientos, había convertido a Varsovia en un lugar de prosperidad y paz.
Sólo unos quince mil sobrevivieron al nacismo. Y de estos, muchos no lo consiguieron con las políticas posteriores a la guerra y murieron o huyeron principalmente a Israel. Sólo unos dos mil habitan hoy Varsovia.
Los alemanes decidieron en un primer momento trasladar a toda la población judía a un barrio a las afueras. Pero dado lo complejo de la operación finalmente optaron por aglutinar a la comunidad en uno de los barrios mayoritariamente judíos del centro. Se construyo un muro rodeándolo por completo, y nació el gueto de Varsovia. Las condiciones en el interior eran tan malas (hacinamiento, falta de alimentos, higiene deficiente) que cien mil de sus habitantes murieron en su interior de "muerte natural".
Cuando se puso en marcha la "solución final", trescientos mil fueron trasladados en trenes de ganado a los campos de exterminio cercanos. Sobre todo a Treblinka. Un retén de unos pocos miles se mantuvo en la ciudad para demoler piedra por piedra el gueto una vez vaciado. Hoy no queda más que un pequeño fragmento del muro, de unos pocos metros, en un patio de vecindad.
Un monumento en el lugar que ocupaba el apeadero de Umschlagplatz, desde donde partían los trenes hacía el horror recuerda a las víctimas. Así mismo, un monumento en honor a los que se levantaron en armas en el interior del gueto en los últimos días, más buscando una muerte digna que la libertad, ocupa parte de un parque en el que está previsto construir un gran centro de recuerdo y documentación de los judíos en Polonia.
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