sábado, 27 de diciembre de 2008

Algunos detalles de vuelta

Como paramos a comer, aunque no gastamos mucho tiempo, nos dieron las tres y media, y claro, se hizo de noche. Así que de vuelta fuimos un poco más deprisa por la bajada (mayor) de temperaturas, y por esa sensación de que son siete horas más tarde. Aún así nos dio tiempo para visitar la Catedral de las Fuerzas Armadas, llena de medallas en el altar, pendones conmemorativos de batallas y placas fúnebres.





Frente a ella, el monumento conmemortativo a los héroes del levantamiento de 1944. Mañana intentaremos acercarnos al museo dedicado a estos acontecimientos. Se trata del intento de la resistencia polaca de vencer al ejército nazi pocos meses antes del fin de la guerra, tratando con ello de sentar las bases de un estado independiente. Por desgracia, la respuesta alemana fue contundente. Lo más impresionante es que el ejército soviético estaba en la otra orilla del río, en el barrio de Praga. Pero detuvo su avance, esperando que los alemanes terminaran con la resistencia polaca y con gran parte de la ciudad. Una vez completado el aniquilamiento, cruzaron el río y comenzó una nueva época en la historia de Polonia.



Dejando a nuestro paso el Palacio Pac, con un imponente arco triunfal en la entrada y una fachada paladiana, y la iglesia de rito oriental-ucranio (católica, pero con iconostasio), llegamos hasta la plaza del Teatro, donde la enorme mole del Teatro Nacional se planta frente al Palacio Jablonowski y la iglesia de San Alberto y San Andrés.



Atravesamos los Jardines Sajones, con una enorme esplanada donde en su momento los rusos construyeron una monumental iglesia ortodoxa para la clase dirigente en época de los zares. Estos jardines lo eran de un magnífico palacio, desaparecido por completo a excepción de una pequeña galería, que alberga la tumba del Soldado Desconocido.



En el otro extremo de los jardines alcanzamos el edifio Zacheta, galería de arte contemporáneo.



Y a su espalda, la iglesia evangélica de la Confesión Augsburgo, circular y con varios pisos en forma de teatro. La encontramos repleta, ya que iba a comenzar un recital a cargo de un coro tan numeroso que estaba repartido en varias plantas del edificio.





Llegamos al fin a la gran mole del Palacio de la cultura y de la Ciencia, el regalo de Stalin al pueblo de Varsovia, y con ello a los centros comerciales de cristal y acero, las grandes avenidas, la estación central. Ya estamos de vuelta, después de un puñado de kilómetros, unos cuantos siglos y demasiadas heridas que es dificil desaparezcan de esta ciudad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario