martes, 30 de diciembre de 2008

Una última mirada



Nos quedan pocas horas en Varsovia. Hoy ha salido el sol, y repetimos paseo por la Ciudad Vieja. Con un poco de tiempo, ya en casa, añadiremos esos detalles que no queremos olvidar. De momento, unas imágenes más.

El Ayuntamiento, en la Plaza Bankowy:



El centro comercial Zlote Tarasy, junto a la estación central:



La colección de arte Juan Pablo II:



El monumento en recuerdo a los miles de polacos muertos tras su deportación a Siberia, en el periodo comunista:



El interior de la Catedral:



Y una mesa polaca. Aunque de esto ya hablaremo con más detalle:

El gueto de Varsovia



Varsovia era al comenzar la guerra, tras Nueva York, la ciudad del mundo con mayor población judía. Cerca de medio millón, más de uno de cada tres habitantes de la capital era judío. La tolerancia religiosa de los siglos anteriores, aún salpicada de numerosos acontecimientos sangrientos, había convertido a Varsovia en un lugar de prosperidad y paz.

Sólo unos quince mil sobrevivieron al nacismo. Y de estos, muchos no lo consiguieron con las políticas posteriores a la guerra y murieron o huyeron principalmente a Israel. Sólo unos dos mil habitan hoy Varsovia.

Los alemanes decidieron en un primer momento trasladar a toda la población judía a un barrio a las afueras. Pero dado lo complejo de la operación finalmente optaron por aglutinar a la comunidad en uno de los barrios mayoritariamente judíos del centro. Se construyo un muro rodeándolo por completo, y nació el gueto de Varsovia. Las condiciones en el interior eran tan malas (hacinamiento, falta de alimentos, higiene deficiente) que cien mil de sus habitantes murieron en su interior de "muerte natural".

Cuando se puso en marcha la "solución final", trescientos mil fueron trasladados en trenes de ganado a los campos de exterminio cercanos. Sobre todo a Treblinka. Un retén de unos pocos miles se mantuvo en la ciudad para demoler piedra por piedra el gueto una vez vaciado. Hoy no queda más que un pequeño fragmento del muro, de unos pocos metros, en un patio de vecindad.

Un monumento en el lugar que ocupaba el apeadero de Umschlagplatz, desde donde partían los trenes hacía el horror recuerda a las víctimas. Así mismo, un monumento en honor a los que se levantaron en armas en el interior del gueto en los últimos días, más buscando una muerte digna que la libertad, ocupa parte de un parque en el que está previsto construir un gran centro de recuerdo y documentación de los judíos en Polonia.



La ciudad a vista de pájaro

Desde el mirador del PKiN se puede divisar toda la ciudad de Varsovia. Estas son algunas imágenes desde esta atalaya.

Vista al Nordeste. En primer término parte de la inmensa plaza central, la calle Zlota en perpendicuar, y al fondo entre los árboles, el Vístula. Al otro lado, el barrio de Praga.



Vista al Norte. Las Ciudades Vieja y Nueva, con las torres del Castillo Real, la Catedral y las numerosas iglesias. En medio término, la masa verde de los Jardines Sajones.



Hacia el Sureste, el barrio de Solec junto al río, y el gran parque Lazienki.



Orientados al Noroeste, el barrio de Muranow. Esta vista abarca gran parte de lo que fue el mayor queto judío, con más de 450.000 habitantes.



Y hacia el Oeste, la imagen más moderna de la ciudad, más propia de una urbe norteamericana. También la estación central de ferrocarril y un moderno centro comercial aledaño.



El Palacio de la Cultura y la Ciencia




La enorme mole del PKiN es visible desde toda la ciudad. Sus doscientos treinta y pico metros se elevan en medio de una de las mayores plazas de Europa. Se trata de un regalo de Stalin, y se construyó por miles de obreros traídos desde la URSS durante tres años.

El arquitecto fue autor de algún edificio similar en Moscú, y cuentan que antes de la guerra Stalin envió "espías" a Estados Unidos para estudiar los métodos constructivos de los grandes rascacielos.

Dentro hay de todo. En sus casi cuatro mil salas se aloja un museo de la Ciencia, auditorios, salas de teatro, salas de exposiciones... Aunque quizá lo más concurrido es el mirador de la planta XXX, con unas magníficas vistas de la ciudad.

lunes, 29 de diciembre de 2008

Un día en Torun



Hoy madrugamos un poco para tomar el tren de las 9:00 hacía Torun. Ayer compramos los billetes, de dos intentos. Los de ida, en una de las muchas ventanillas del laberinto de pasadizos de la estación central. Aunque pedimos billetes de ida y vuelta para Torun, a las 11:00, los que nos dieron no decían ni la hora, ni si eran de ida y vuelta, ni ninguna referencia a vagón, asiento... En otra ventanilla dimos con alguien con un poco más de inglés (aunque el mismo aire campechano y extrovertido), y nos confirmó (y vendió) los necesarios billetes de vuelta, indcándonos que podíamos tomar el tren que quisiéramos a lo largo del día y que no había reserva de asientos.



Así que decidimos adelantar la hora de salida para aprovechar un poco más la luz. Torun está a unos 200 Km de Varsovia, y son dos horas y media largas de tren, de los de antes. Por desgracia, a mitad de camino alguien decidió acabar sus días arrojándose al paso de nuestro tren, con lo que llegamos a las dos a Torun...



Pero desgracias y peripecias aparte, la visita mereció la pena. El casco histórico de Torun es fantástico, y completamente peatonal. Además, hoy lunes se ha revitalizado el pais tras el parón de la Navidad, y las calles estaban llenas de gente, los comercios abiertos y hasta algún turista (hasta la fecha no hemos encontrado ninguno español...).



Torun es conocida por el nacimiento en ella de Nicolás Copérnico. Muchas cosas se llaman así por aquí. Una plaza, una calle, la casa de Copérnico, la Universidad y una famosa pastelería. Porque en Polonia Torun también es famosa por el "pan de gengibre", unas galletas blandas rellenas de mermelada y recubiertas de azúcar o chocolate (pierniki). Realmente buenas.



A destacar (ampliaremos en casa, cuando saquemos un hueco), la Plaza de la Ciudad Vieja. En ella, el magnífico ayuntamiento del siglo XIV, el palacio Meissner, la casa de la Estrella, la iglesia del Espíritu Santo, la cercana de Santa María y el resto de casas antiguas.










Torun fue fundada por los caballeros de la Orden Teutónica. Este grupo que suena tan tremendo tuvo como origen la conquista para la evangelización de las tierras del Este. Son uno de los primeros elementos recurrentes en la influencia o el intento de control de los germanos en tierras polacas. La Prusia de siglos posteriores tendrá su espacio de expansión en estas tierras. Del castillo de los teutones quedan pocos restos, entre ellos la torre de la letrina.



La ciudad pasó a enrolarlse en la próspera e influente Liga Hanseática, que monopolizaba el comercio en el Báltico y el Mar del Norte. De esa época son buen ejemplo las casas de Copérnico (padre), rico comerciante, el granero, la casa inclinada y la muralla.








La Ciudad Nueva se configuró como zona de expansión, y acoje notables iglesias, como la de Santiago y la de Santa Catalina. La Catedral, a medio camino de las dos ciudades, es un magnífico edificio con torres unidas de proporciones ciclópeas.







La ciudad se encuentra a orillas del Vístula, verdadera espina dorsal del centro y el norte de Polonia, que además de bañar Varsovia, desemboca en la gran ciudad del norte, cabeza de la Liga Hanseática en la zona, con el nombre de Danzig, la actual Gdansk. Pero ese será otro viaje...



domingo, 28 de diciembre de 2008

El museo del levantamiento de Varsovia






Este fantásico museo, un poco alejado del meollo comercial, pero en plena zona de crecimiento de rascacielos y sedes de multinacionales, es un completísimo y ameno recorrido por todo lo relacionado con el levantamiento del Ejército de resistecia polaco en su intento de liberar el pais del dominio nazi, comenzando por la capital, en 1944, poco antes de la llegada del Ejército Rojo.

Miles de cosas para tocar, ver, mover, escuchar... Vale sin duda la pena el paseo. Por cierto, como compramos un ticket de autobús válido por tres días (16 zl, algo menos de 4 euros), se nos hizo más fácil. El 150 para a la puerta (la parada pone algo parecido a Museo y una palabra ampliamente polaca después, es este, que nosotros nos bajamos un kilómetro antes por asegurar...).

Algo de España en Varsovia





A pocos centenares de metros, la embajada de España y la iglesia de la Santísima Trinidad en Solec, con su Misa en español los domingos a las 12:30. En una capilla complicada de encontrar. En esta iglesia cuantan con una imagen de Jesús Nazareno, muy similar al Cristo de Medinaceli de Madrid, traída desde España por los Trinitarios. De ahí la vinculación y el Día de España que todos los años organizan, con degustación de comida española, flamenco, etc.

El parque Lazienki















Lo mejor es disfrutar con las fotos. Fantástico parque. Los lagos helados, las ardillas atrevidas, varios palacios...

sábado, 27 de diciembre de 2008

Algunos detalles de vuelta

Como paramos a comer, aunque no gastamos mucho tiempo, nos dieron las tres y media, y claro, se hizo de noche. Así que de vuelta fuimos un poco más deprisa por la bajada (mayor) de temperaturas, y por esa sensación de que son siete horas más tarde. Aún así nos dio tiempo para visitar la Catedral de las Fuerzas Armadas, llena de medallas en el altar, pendones conmemorativos de batallas y placas fúnebres.





Frente a ella, el monumento conmemortativo a los héroes del levantamiento de 1944. Mañana intentaremos acercarnos al museo dedicado a estos acontecimientos. Se trata del intento de la resistencia polaca de vencer al ejército nazi pocos meses antes del fin de la guerra, tratando con ello de sentar las bases de un estado independiente. Por desgracia, la respuesta alemana fue contundente. Lo más impresionante es que el ejército soviético estaba en la otra orilla del río, en el barrio de Praga. Pero detuvo su avance, esperando que los alemanes terminaran con la resistencia polaca y con gran parte de la ciudad. Una vez completado el aniquilamiento, cruzaron el río y comenzó una nueva época en la historia de Polonia.



Dejando a nuestro paso el Palacio Pac, con un imponente arco triunfal en la entrada y una fachada paladiana, y la iglesia de rito oriental-ucranio (católica, pero con iconostasio), llegamos hasta la plaza del Teatro, donde la enorme mole del Teatro Nacional se planta frente al Palacio Jablonowski y la iglesia de San Alberto y San Andrés.



Atravesamos los Jardines Sajones, con una enorme esplanada donde en su momento los rusos construyeron una monumental iglesia ortodoxa para la clase dirigente en época de los zares. Estos jardines lo eran de un magnífico palacio, desaparecido por completo a excepción de una pequeña galería, que alberga la tumba del Soldado Desconocido.



En el otro extremo de los jardines alcanzamos el edifio Zacheta, galería de arte contemporáneo.



Y a su espalda, la iglesia evangélica de la Confesión Augsburgo, circular y con varios pisos en forma de teatro. La encontramos repleta, ya que iba a comenzar un recital a cargo de un coro tan numeroso que estaba repartido en varias plantas del edificio.





Llegamos al fin a la gran mole del Palacio de la cultura y de la Ciencia, el regalo de Stalin al pueblo de Varsovia, y con ello a los centros comerciales de cristal y acero, las grandes avenidas, la estación central. Ya estamos de vuelta, después de un puñado de kilómetros, unos cuantos siglos y demasiadas heridas que es dificil desaparezcan de esta ciudad.